Más que reaccionar cuando ocurre un episodio de violencia dentro de las escuelas, es necesario construir mecanismos permanentes de prevención desde el ámbito psicológico, advirtió la presidenta del Colegio de Psicólogos de Aguascalientes, Alejandra Sandoval Maciel.
La especialista propuso implementar en los planteles un “sistema escolar de bienestar psicológico preventivo”, con la participación conjunta de psicólogos, docentes, directivos, estudiantes y familias.
El objetivo, explicó, sería detectar señales de alerta antes de que una situación escale a una crisis, una conducta agresiva, bullying o aislamiento entre los alumnos.
Proponen espacios diarios de educación emocional
Sandoval Maciel planteó incorporar dentro de las escuelas pequeños espacios permanentes de psicoeducación emocional, con sesiones de entre 10 y 15 minutos al día.
Aclaró que no se trataría de agregar nuevas materias o clases al programa escolar, sino de generar espacios breves en los que los estudiantes desarrollen herramientas para enfrentar situaciones emocionales y conflictos cotidianos.
“Lo que propongo es algo que podríamos llamar un sistema escolar de bienestar psicológico preventivo”, señaló.
Entre las habilidades que podrían trabajarse se encuentran aprender a expresar emociones, manejar la frustración y la ira, resolver conflictos, establecer límites y pedir ayuda.
También consideró importante que los alumnos sepan identificar situaciones de violencia, afrontar el rechazo y reconocer cuándo una emoción o problema comienza a rebasarlos.
Maestros deben aprender a detectar señales de alerta
Otro de los puntos planteados es capacitar a los docentes en primeros auxilios psicológicos y detección temprana.
La presidenta del Colegio de Psicólogos aclaró que esto no significa convertir a los maestros en terapeutas, sino brindarles herramientas para reconocer cuándo un estudiante necesita atención especializada.
Entre las señales mencionó cambios repentinos de comportamiento, aislamiento, situaciones de violencia, crisis emocionales o expresiones que ameriten intervención inmediata.
La intención es que el personal educativo sepa cómo actuar y hacia dónde canalizar a un alumno cuando detecte alguna de estas situaciones.
“Se reacciona cuando el problema ya se presentó”
Sandoval Maciel advirtió que uno de los principales problemas es que la atención suele comenzar después de que la situación ya se salió de control.
Señaló que cuando se habla de violencia escolar, salud mental o conductas de riesgo entre niños y adolescentes, generalmente se interviene hasta que ocurre una crisis, una agresión, un caso de bullying o un estudiante llega a un nivel de aislamiento en el que finalmente solicita ayuda.
Por ello, consideró necesario que las escuelas avancen hacia un esquema permanente de prevención, educación emocional y psicología comunitaria.
La especialista sostuvo que atender la salud mental dentro de las escuelas no puede limitarse a colocar carteles informativos ni implica que cada alumno tenga que acudir necesariamente a terapia.
A su consideración, esas medidas por sí solas no atienden de manera integral las causas ni permiten detectar de forma temprana los problemas que pueden presentarse entre niñas, niños y adolescentes.
