Apuestas desde el celular: alertan por ludopatía en jóvenes

El director de Centros de Integración Juvenil en Aguascalientes advierte que las plataformas digitales facilitan el acceso al juego. Perseguir pérdidas, ocultar apuestas y perder el control son señales de alerta.

Apostar desde un teléfono celular, prácticamente a cualquier hora y lugar, ha cambiado la relación con los juegos de azar y aumentado la preocupación por su alcance entre adolescentes y jóvenes. En Aguascalientes, Mario J. García Martínez, psicólogo y director de Centros de Integración Juvenil, alertó sobre las consecuencias económicas, familiares y de salud mental que puede provocar una conducta de apuestas difícil de controlar.

El problema puede comenzar como entretenimiento. Sin embargo, cuando la persona insiste en apostar pese a las pérdidas, oculta cuánto juega o fracasa repetidamente al intentar detenerse, las consecuencias van más allá del dinero.

La expansión de casinos virtuales, aplicaciones móviles y plataformas de apuestas deportivas facilita participar sin acudir a un establecimiento. Para el especialista, este cambio exige prestar atención al acceso de los jóvenes y detectar las conductas problemáticas antes de que el deterioro sea grave.

Casi 904 mil adolescentes participaron en apuestas

Los resultados de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, citados en la información, señalan que 4.3 por ciento de la población mexicana de 12 a 65 años participó en algún juego de apuestas durante los últimos 12 meses. Esto equivale a casi cuatro millones de personas.

Entre quienes apostaron, 6.3 por ciento presentó indicadores de juego problemático, alrededor de 249 mil personas.

En adolescentes de 12 a 17 años, la participación fue de 6.9 por ciento, equivalente a aproximadamente 904 mil jóvenes. De los adolescentes que apostaron, alrededor de 7 por ciento mostró juego problemático, unos 63 mil.

La encuesta también reportó indicadores de juego problemático en 8.7 por ciento de los hombres que apostaron, frente a 1.4 por ciento de las mujeres.

Estas cifras requieren una distinción: apostar ocasionalmente no significa necesariamente presentar ludopatía, y los indicadores de juego problemático no deben confundirse automáticamente con un diagnóstico. Sí muestran un grupo de personas cuyas conductas requieren atención.

¿Cuándo el juego se convierte en un problema?

La ludopatía, también conocida como juego patológico, se caracteriza por la necesidad persistente de apostar aunque las consecuencias económicas, familiares, laborales o personales sean evidentes.

La Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación la describe como un trastorno de conducta en el que la persona experimenta un impulso incontrolable por apostar a pesar de los efectos negativos.

García Martínez explicó que se trata de una adicción comportamental que puede afectar profundamente la capacidad para regular los impulsos. Reducirla a un vicio, una falta de voluntad o una ambición desmedida puede dificultar su reconocimiento y atención.

El problema puede afectar a adolescentes, adultos y personas mayores, sin limitarse a un solo sexo o nivel socioeconómico.

Entre las principales señales de alerta se encuentran:

  • Apostar cantidades de dinero o bienes cada vez mayores.
  • Sentir nerviosismo o irritabilidad al intentar reducir o abandonar el juego.
  • Intentar dejar de apostar repetidamente sin conseguirlo.
  • Mentir para ocultar el tiempo o el dinero dedicado a las apuestas.
  • Utilizar el juego para escapar de emociones negativas.
  • Seguir apostando después de pérdidas importantes, con la intención de recuperarlas.

La pérdida de control es central: la persona continúa jugando aun cuando reconoce que esa conducta está afectando su vida.

Las apuestas digitales acercan el juego a los jóvenes

Las opciones para apostar incluyen lotería, Melate, Tris, raspaditos, ruleta, blackjack, póker, máquinas tragamonedas y pronósticos deportivos. A esa oferta se suman los casinos en línea y las aplicaciones disponibles desde dispositivos electrónicos.

El especialista señaló que el dinero, el juego y el estatus social figuran entre los principales atractivos utilizados por las empresas del sector para acercarse a los jóvenes.

La publicidad, las transmisiones de eventos deportivos y los sistemas de pago electrónico también pueden facilitar ese contacto. Por ello, la participación de aproximadamente 904 mil adolescentes en apuestas representa un dato que merece atención.

La prevención, de acuerdo con los especialistas citados, debe incluir información sobre mecanismos que pueden mantener a una persona jugando: perseguir las pérdidas, creer que controla el resultado, esperar que la siguiente apuesta sea distinta o buscar dinero rápido.

No basta con identificar cuánto se apuesta. También debe observarse el lugar que el juego comienza a ocupar en los pensamientos, las emociones y las decisiones.

Una adicción que puede pasar inadvertida

Una dificultad para detectar la ludopatía es que sus señales físicas pueden ser poco evidentes. La persona puede seguir trabajando, estudiando y conviviendo mientras acumula deudas, oculta apuestas o dedica cada vez más tiempo al juego.

Cuando las consecuencias se vuelven visibles, el deterioro económico, social, laboral y familiar puede ser considerable.

Por eso, García Martínez advirtió sobre la importancia de reconocer el problema antes de que las pérdidas sean graves. La aparente continuidad de las actividades cotidianas no significa que exista control sobre las apuestas.

Considerar esta conducta únicamente como una debilidad moral también puede retrasar su identificación. El enfoque planteado por el psicólogo es reconocerla como un problema de salud mental que afecta la regulación de los impulsos.

Información, límites y detección temprana

Entre las medidas de prevención señaladas en la información están evitar el acceso de menores a plataformas de apuestas y supervisar las aplicaciones y sitios utilizados en sus dispositivos.

También se recomienda explicar a adolescentes y jóvenes los riesgos del juego y prestar atención a cambios de conducta relacionados con el dinero o las apuestas.

Para quienes participan en juegos de azar, las recomendaciones incluyen establecer límites estrictos de tiempo y dinero, no utilizar recursos destinados a necesidades básicas y evitar apostar durante estados intensos de ansiedad, tristeza o enojo.

Otro punto es no considerar las apuestas como una salida a los problemas económicos. Intentar recuperar lo perdido puede mantener la conducta y agravar sus consecuencias.

La advertencia de los especialistas se concentra en el control que comienza a perderse: cuando apostar deja de ser una actividad ocasional y pasa a dirigir decisiones, afectar relaciones o comprometer recursos necesarios, el problema ya rebasa el entretenimiento.